La Cuarta Señal de la Vida: El Pan de Vida
MANIFESTANDO LA VIDA EN CRISTO Parte 15
Juan 6:1 al 14
“Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.”
INTRODUCCIÓN
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Hemos estado metidos en un estudio del evangelio según Juan.
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Este evangelio nos revela la esencia misma de Jesús, quien dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10).
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Justamente es esa vida, la vida que nos da Cristo, el tema que Juan nos revela.
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Una vida que el apóstol Pablo describió: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).
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¡Cristo vive en mí! Esa es la gloriosa verdad que nos impulsa y nos transforma.
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Para comprender la naturaleza y el significado de esta vida, Juan nos guía a través de siete señales que el Señor Jesús realizó.
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El apóstol no las llama simplemente milagros, sino señales, porque son maravillas que apuntan a una verdad más profunda, a un significado trascendente.
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Al reflexionar sobre ellas, cada uno debemos descubrir una riqueza que va más allá de lo que habíamos imaginado. No se trata solo de que Jesús hizo milagros en el pasado, o que aún los hace hoy; hay una educación para toda la vida encerrada en cada una de estas señales, un secreto vital para cada uno de nosotros.
Repaso
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Ya hemos explorado las primeras tres, y si han estado atentos, habrán notado la naturaleza progresiva de estas revelaciones.
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Primero, la transformación del agua en vino en Caná de Galilea, que nos mostró la naturaleza diferente y superior de la vida que Jesús nos ofrece.
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No es una mera mejora, es una calidad de vida completamente nueva.
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Segundo, la curación del hijo del oficial del rey, donde aprendimos que esta vida que Cristo trae es una vida eterna, que trasciende el tiempo y la distancia.
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¡Qué consuelo para todos nosotros, especialmente para aquellos que sienten el peso de los años! Nuestros cuerpos envejecen, nuestras mentes pueden flaquear, pero la vida de Cristo en nosotros ¡jamás envejece! ¡Es una vida que supera el tiempo!
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Tercero, nos maravillamos con la curación del paralítico en el estanque de Betesda, donde vimos el poder de liberación de esta vida. Es una vida de gloriosa libertad, donde la esclavitud es quebrantada y somos verdaderamente libres en Cristo.
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"Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí". ¡Qué verdad más aplicable a aquel hombre, y a cada uno de nosotros!
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Ahora, antes de meternos, conviene aclarar que Juan no nos presenta los eventos de la vida de Jesús en un orden estrictamente cronológico. Hay intervalos significativos de tiempo entre lo que él registra.
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Por ejemplo, entre el capítulo 5 y el capítulo 6, donde se mencionan dos fiestas diferentes, es muy probable que haya transcurrido un año entero.
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En ese tiempo, muchas cosas sucedieron que Juan, guiado por el Espíritu Santo, no incluyó en su relato, porque su propósito es diferente. Su enfoque es destacar estas señales y el profundo significado que tienen para nuestra vida en Cristo.
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Y con esto en mente, nos preparamos para sumergirnos en la cuarta señal que Juan nos presenta, una señal que sin duda, como las anteriores, nos revelará otra faceta gloriosa de esta vida que tenemos en nuestro Señor y Salvador.
CONCLUSIÓN
Hermanos y hermanas, esta cuarta señal que Juan nos presenta no es solo un relato milagroso del pasado; es una proclamación viva del presente: Cristo es el Pan de Vida.
Este pasaje nos desafía profundamente:
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¿Qué buscamos de Jesús?
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¿Lo seguimos solo por el "pan" temporal, por lo que puede darnos, o porque lo reconocemos como nuestra vida misma?
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¿Estamos dispuestos a rendirnos a Él, a depender completamente de su provisión, a creer que en Él hay más que suficiente para cada área de nuestra existencia?
Recordemos que el muchacho no tenía mucho, pero lo poco que tenía lo puso en las manos de Jesús… y fue más que suficiente. Dios no necesita cantidad, necesita entrega. Lo que pongas en sus manos, Él lo multiplicará.
Y así es su vida en nosotros: una vida que satisface, que se multiplica, que nunca se agota, que no solo es para nosotros, sino que alcanza a otros.
Hoy el Señor vuelve a preguntarnos, como preguntó a Felipe:
"¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?"
Y Él ya sabe lo que va a hacer. Solo nos prueba, para ver si confiamos en que Él es suficiente.
Invitación final:
Así que si hoy te sientes débil, seco, vacío…
Si estás buscando dirección, propósito, alimento para tu alma…
Ven a Jesús. Cree en Él. Aliméntate de Él.
No hay otra fuente, no hay otra mesa, no hay otro pan.
Él es el Pan vivo que descendió del cielo. El que come de Él, vivirá eternamente.
Y si ya estás en Cristo, decide hoy vivir cada día dependiendo de Él como el pan de cada día, recordando que:
"Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gálatas 2:20).
Manifestando la vida en Cristo parte 3 ¿Cómo ganar la batalla interior?
Nosotros invocamos al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, nunca oramos al Dios de Esau, sino al Dios de Jacob por qué Esau fue profano
Nosotros estamos llenos de deseos, de anhelos, de cosas que anhelamos. Nuestra carne desea y no sabemos cómo resolver esos deseos
Esaú llegó del campo con un gran deseo: “Él tenía hambre”, Hay gente que no le importa el costo, el precio para satisfacer un deseo. Lo malo no era el hambre, sino la forma que uso para resolverlo vendiendo su primogenitura (Génesis 25:19-34)




