CRISTO: “ES EL CENTRO Y LO SUPREMO” Parte 3
Colosenses 1:9 al 29 “9Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. 15El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 19por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. 21Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro. 24Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; 25de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, 28a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; 29para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” INTRODUCCION La Centralidad y Supremacía del Señor Jesucristo, es en lo que debemos ocuparnos íntegramente no sólo el tiempo presente, sino el resto de nuestras vidas. Para poder vivir esta realidad, que es la auténtica centralidad de la vida cristiana, debo saber que todo comienza en el interior del individuo En el interior deben ocurrir cinco experiencias con Cristo y de Cristo en nosotros Cristo debe ser revelado en nosotros, debe ser la vida en nosotros, debe ser formado en nosotros, debemos ser conscientes que habita en nosotros y debe ser glorificado en nosotros De otra manera, Cristo nunca podrá ser el centro y lo supremo para nosotros PRESENTACION Repaso: 1)- CRISTO, REVELADO EN NOSOTROS (Gálatas 1: 11-16) A)- El obrar interno de Dios En Hechos cap. 9, vemos la conversión de Saulo. Él tuvo una experiencia con elementos externos sobrenaturales (resplandor, postración en el suelo, voz audible de Cristo, ceguera), pero tuvo una experiencia interna que comenzó allí pero duro tres días, donde Jesús se le revelo Agradó a Dios revelar a Su Hijo en él. Nunca sabremos cuánto significaron esos tres días para Saulo. Fueron tres días poderosos, tremendos, terribles. Él estaba viendo al Señor Jesús interiormente, y apenas le hubo visto así, predicó que Jesús es el Hijo de Dios. Inmediatamente. Amados, para nosotros este principio de la revelación interior de Jesucristo es tan válido como lo fue para Pablo. B)- Aunque las circunstancias externas en nuestra conversión no fueren espectaculares, la revelación de Cristo en nosotros debe producirse Lo externo no será de la misma manera, pero lo interno si debe serlo C)- Muchos no han tenido una celosa revelación o conocimiento del Señor Jesús porque ellos mismos no son celosos en nada. Saulo de Tarso era celoso y el Señor le halló en su propia base, sobre su propio terreno, y porque él era tan celoso, el Señor fue celoso con él. Y el Señor lo hizo. D)- Todo será probado y establecido, sobre la base de esta revelación interior de Cristo Todo depende, no de nuestra religión, no de nuestro celo religioso, sino de la revelación interior de Jesucristo, el Hijo del amor de Dios. Cristo trae el resplandor de la gloria de Dios a nuestros corazones, 2º Corintios 4:6 "Porque Dios ... es el que resplandeció en nuestros corazones, para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" Todo depende de eso. "... agradó a Dios ... revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase", o proclamase a Él. Desde el día de Pablo, mucha de la actividad cristiana ha sido promover un movimiento, difundir una enseñanza, llevar adelante los intereses de una institución. Pero el propósito de Dios no es establecer un movimiento en la tierra y conseguir seguidores, adherentes, miembros, apoyo. No es una institución, aunque nosotros podríamos llamar a esa institución la Iglesia. La Iglesia no tiene existencia en el pensamiento de Dios aparte de la revelación de Jesucristo, y se juzga según la medida en que el Hijo del amor de Dios es evidente en su existencia. No es un testimonio, si por eso usted quiere decir una forma específica de enseñar, una doctrina sistematizada. No, no es un testimonio. No es "la obra". Nosotros siempre estamos hablando sobre "la obra". "¿Cómo va la obra?" "Estamos entregados a la obra, interesados en la obra...". No es una misión. Es Cristo. "... para que yo le predicase". Si esta verdad hubiera permanecido central y preeminente, todos los terribles celos desintegradores nunca habrían tenido una oportunidad La lamentable confusión que hoy reina en la cristiandad nunca habría sido tal. Es porque algo específico en sí mismo –un movimiento, una misión, una enseñanza, un testimonio, una comunión– han tomado el lugar de Cristo. Hay dos cosas ante nosotros: Por una parte, a causa de la revelación inicial de Jesucristo en nuestro corazón nosotros tenemos una pasión por Él; Por otro lado, debido a la ausencia de una revelación plena de Cristo en nuestros corazones nos abocamos a otras cosas que nosotros diríamos estaban en Sus intereses, y para Él, pero que nunca pueden satisfacer el corazón de Dios. Desarrollo del tema para hoy: 2)- CRISTO, LA VIDA INTERIOR NUESTRA Gálatas 2:20 "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" Lo primero es la revelación de Cristo en nuestro corazón; después la vida interior de Cristo en nosotros es todo. Es importante que no sólo sepamos la realidad de que Cristo mora en nosotros, no solamente que Cristo está dentro nuestro, viviendo. Esto conlleva algo más que todo esto: “Que la vida misma del creyente es Cristo” Él debe ser supremo y el centro en nuestra vida, y Él es nuestra vida sólo en la medida en que Él es todo y es el centro, ni más ni menos. A)- ¿De qué forma Cristo en nosotros pasa a ser la vida del creyente? La carta a los Gálatas nos ayuda a entenderlo. No deseo ser demasiado doctrinal ni teológico, pero siento que, en cuanto a las doctrinas de la gracia, el pueblo de Dios debe de tener claridad. Por esto les pido que por un momento consideremos el fondo de la declaración que tenemos ante nosotros. Hablamos mucho acerca de Cristo como nuestra vida, y decimos cosas al respecto, que Él es nuestra vida misma. Usamos otra parte de la Escritura que no tiene exactamente el mismo alcance: Colosenses 3:4 "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria" En Gálatas el principio de Cristo nuestra vida es el mismo, pero el trasfondo es más que sólo eso y por esto lo podemos entender mejor. No es solamente que Cristo es la energía vital para nosotros, lo que llamamos vida; por cierto, Él es eso; Él es vida El Espíritu Santo es el Espíritu de vida en nosotros, pero en Gálatas, esto se entiende por el contexto y se le da un sentido más profundo. En Gálatas, al hablar de que Cristo es nuestra vida, no solo está diciendo sobre la “energía vital de nuestra existencia” sino que también está hablando sobre que Cristo es nuestro accionar y calidad de persona El creyente puede considerar su vida de dos maneras: a)- La Vida “hechizada” por el “hacer” o el “no hacer” Esta epístola, el libro de Gálatas, trata con el legalismo en que los creyentes gálatas habían caído, por lo que habían sido subyugados, atacados y engañados. Notarán cómo comienza el capítulo 3 Gálatas 3:1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os hechizó, para no obedecer a la Verdad, ante cuyos ojos Jesús, el Cristo fue ya descrito como colgado en el madero entre vosotros? (Biblia del Jubileo JBS) "Oh gálatas insensatos, ¿quién os hechizó?", literalmente, ¿quién les tendió este hechizo a vosotros? Habían caído bajo un encantamiento, y era el hechizo de un legalismo falso. Pero lo que Pablo está diciendo en el versículo 2 representa un cambio. Gálatas 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? (RV60) Pablo había vivido en días pasados guardando la ley. Su posición como judío era que bajo la ley el hombre tenía que vivir por ella. La ley era: "No harás", y "Harás". Cuando se cumplía con estas dos partes y se evitaba y obedecían los "No harás", entonces era guardada la vida del hombre por Dios. Si un hombre deseaba vivir y alargar sus días sobre la tierra debía cumplir la ley, por lo que vivía aferrándose a la ley, la ley de los mandamientos. Y conocemos aun, como Saulo de Tarso que guardaba estrictamente la ley, era una carga inmensa, y representaba siempre muerte y condenación. Era como la espada de Damocles siempre a punto de caer sobre uno. Un soplo de desviación y morirás; venías a condenación, juicio y muerte. Y las observancias relacionadas con la purificación y perfecta comunión con Dios jamás tocaban por un instante la conciencia, el corazón. Eran, como podríamos decir, meras conveniencias momentáneas, eran sólo externas, y siempre quedaba la sensación interna de que algo faltaba. Pero Saulo había vivido guardando la ley, toda su vida aguantó la ley con toda su carga, cansancio, todas sus amenazas, juicios, condenación, y esa sombra de muerte siempre presente. Esa fue su vida anterior. Ahora, no se halló a nadie –como lo deja muy en claro Pablo en los primeros capítulos de Romanos– que de su propia naturaleza satisficiera a Dios, perfectamente en todos los puntos y requerimientos de su ley divina. Todos se habían ido, habían fallado, y no se encontró en ningún hombre justicia, rectitud de corazón. Jamás podría satisfacerse a Dios con una justicia externa que no era innata en él, una justicia como teórica y no práctica, y jamás se había hallado a un hombre justo de verdad, y toda la raza humana es incluida en la propia declaración de Pablo sobre él mismo, con toda su justicia ceremonial: Romanos 7:18-20 Y yo sé que, en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago b)- La vida “justificada en Cristo” "Ahora ya no vivo agarrado a la ley de mandamientos, sino agarrado a Cristo, y lo que me sujeta a Cristo es la fe." Ahora, Cristo, el único que podía y pudo cumplir la ley hasta la última letra, porque intrínsecamente, en su interior, Él era recto y justo y satisfizo a Dios, no de manera externa, ceremonial, teórica, sino siendo "el justo", sin pecado, había cumplido la ley en sí mismo interiormente y la quitó de en medio. Cristo la quitó de en medio, pues en Él mismo la cumplió, e introduce una dispensación nueva, no de la ley, sino de la gracia. Él introdujo un régimen nuevo, donde no se gobierna por los mandatos de "No harás" y "Si hicieres esto o aquello". No un sistema de gobierno legalista sistematizado, sino uno de gracia, y la nueva dispensación es la de la fe en Cristo; la fe en Cristo como uno que satisfizo toda demanda que alguna vez Dios pudiere haberle pedido al hombre, y había satisfecho a Dios a favor del hombre. Todos los que creen en Él son representados y reunidos, y con los que así actúan por causa de Él Dios está satisfecho. Él produjo la justificación que Dios demandaba al hombre y Dios queda satisfecho. Él como hombre la consigue para el hombre, y Dios queda totalmente feliz y satisfecho. Ahora el Padre quedó completamente satisfecho en todo este asunto de la justificación por Cristo, y Él vive dentro del creyente, de manera que el creyente en Cristo tiene su justicia, y Dios está conforme. Ahora el creyente no es un poco más justo que antes, sino que el Justo mora dentro de él. Dios no nos mira a nosotros. Él ve a su Hijo en nosotros, así que ahora Cristo vive en nosotros Pablo dice: "Y lo que ahora vivo en la carne lo vivo en la fe del Hijo de Dios", en otras palabras, Pablo está diciendo: "Ahora ya no vivo agarrado a la ley de mandamientos, sino a Cristo, y lo que me sujeta a Cristo es la fe." Estoy asido a Él por la fe, y por eso vivo. No hay entonces ninguna condenación, por lo tanto, no hay muerte, porque obra la justificación, y donde hay justificación no hay condenación. No hay ningún pecado en Él, y no habiendo pecado en Él, la muerte y el juicio no tienen poder, no hay relación entre ellos. Él está en nosotros, por lo cual Él es el que tiene el poder de una vida indestructible e inexpugnable. "Yo vivo agarrado por la fe a Él". ¿Cómo? Le decimos al acusador cuando viene con un cargo a mi puerta para tratar de condenarme y matarme: "Cristo es mi justicia". Cuando ataca el acusador y dice: "Estás desagradando al Padre" (siempre que no estés voluntariamente en pecado, cometiendo a sabiendas algo que sí desagrada al Señor), y el enemigo me hace sentir que estoy desagradando y querrá derrotarme, yo le contesto: "Cristo satisfizo al Padre por mí, está en mí, el Padre está agradado con Él, y Él vive en mí", y si por la fe me aferro a Él, ligado a Él, vivo en vez de morir, triunfo en vez de caer en condenación, y de este modo en mí está la vida, la vida que yo vivo”. Viviremos triunfantes no luchando contra el pecado, no tratando de vencer al acusador en nuestras palabras y en nuestro terreno, sino que por la fe presentándole y aferrándonos a Cristo en nosotros. Cristo es el que agrada al Padre en nuestro corazón. ¿Qué más necesitas? Y la fe te sujeta a Él, quien es la satisfacción de Dios. "Con Cristo he sido juntamente crucificado". ¿Para qué entonces me saca a relucir: "Y ya no vivo yo"? ¿Para qué trata de cargarme con cosas? "El que murió fue justificado del pecado" ... “pero Cristo vive en mí". Si el diablo puede acusar a Cristo de pecado, entonces no habría esperanza para mí, pero no puede hacerlo puesto que Él es para el Padre todo, y es todo lo que el Padre requiere de mí, y yo por fe mantengo fuerte el vínculo de lo que Él es para el Padre por mí. En esta vida terrenal, Él es mi vida, y Él pasa a ser mi vida en el sentido de que frente al Padre lo que El es pasa a ser imputado como lo que yo soy: ¡El es mi vida! Es, como puedes ver, algo más que considerando a Cristo como energía vital interior para mantenernos vivos. Hay un trasfondo más grande para todo esto. Reúne todo lo que en su persona Cristo es para el Padre, y toda la obra en la cruz de Él para satisfacer al Padre, y ésta es la porción interior que se nos da a nosotros, y se une a esto la fe que la mantiene ligada, y vivimos. "Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". B)- Cristo es nuestra vida, entonces Cristo es nuestra “Coraza de Justicia” Se ha puesto en forma restringida una gran parte de la Palabra de Dios, pero siento que debemos abordarlo. Lo que está en juego es devolverle al Señor Jesucristo su lugar de supremacía y centro como nuestra vida, y sólo en este lugar es que vivimos. Vivimos en Cristo. Cristo es el sentido de nuestra vida. La "coraza de justicia" está dicha en forma de metáfora, una ilustración para entender esta verdad. Efesios 6:14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia (RV60) La coraza de justicia es Cristo. Él es el Justo, Él se hizo nuestra justicia, y sea para bien o para mal, no sirve tratar con el enemigo en nosotros mismos, debemos atacarlo con (en) Cristo, responderle con Cristo cada vez. 1 Corintios 1:30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención (RV60) Filipenses 3:9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe (RV60) Y si el Padre tiene altas demandas, Él ha preparado todo lo que necesita en su Hijo, y Él nos dice a nosotros: "Lo único que pido es que traigan ambas manos llenas de mi Hijo; ambas manos llenas de Él en su perfección; sólo eso me satisface". Cristo es la centralidad y la supremacía en el creyente, como la vida misma del creyente. Desearía que aprovecharan más del Señor Jesús. Toda la fuerza de estas palabras es lo que Él es en la mente de Dios, y si lo aprehendemos amorosamente, no sólo como una doctrina, lo recibimos con el corazón, llegaremos a saber lo que es la victoria, sabremos lo que es la llenura. Queridos, estoy convencido de que en la medida en que seamos seducidos por el Señor Jesús mismo, venceremos, salvaremos los obstáculos como hijos de Dios, y nada puede sustituir esto, lo que es Cristo en nosotros.




