CRISTO: “ES EL CENTRO Y LO SUPREMO” Parte 2
Colosenses 1:9 al 29 “9Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. 15El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 19por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. 21Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro. 24Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; 25de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, 28a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; 29para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” INTRODUCCION La Centralidad y Supremacía del Señor Jesucristo, es en lo que debemos ocuparnos íntegramente no sólo el tiempo presente, sino el resto de nuestras vidas. Es esa centralidad y supremacía del Hijo, la esencia del evangelio. De la manera que lo vemos y por consecuencia lo vivimos, estará marcado la veracidad o no de lo que decimos cristianismo El problema que tiene el mensaje dado hoy por muchos cristianos, es que está basado en un mensaje enfocado en el hacer humano y en un Cristo que esta para ayudar a la realización personal del creyente Con este enfoque, se coloca erróneamente, en el centro al individuo y no a Cristo. Con ese enfoque, la predica consiste en sembrar una semilla que no produce fruto ¿Quién tiene la centralidad y supremacía en tu vida? En las próximas semanas abordaremos el tema “La centralidad y supremacía de Cristo en la vida del creyente”, rogando revelación del Espíritu Santo sobre ello PRESENTACION EL GRAN SECRETO DE DIOS Permítanos mirar de nuevo esta palabra: "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria". Usted notará en el contexto que el primer capítulo de la carta a los Colosenses nos lleva enseguida a la mente y al corazón de Dios antes de que el mundo fuera, y nos muestra qué está pasando en la mente y en el corazón del Padre con relación a Su Hijo. Esto es llamado "el misterio", es decir, el secreto divino. Es impresionante ver que antes de que cualquier actividad creativa comenzara, Dios estaba atesorando un secreto en su corazón. El Padre tenía un secreto, algo que Él no había mostrado a nadie, ni dicho a nadie; un secreto acariciado, relacionado con Su Hijo. Fuera del secreto de su corazón, que involucraba a Su Hijo, en cada actividad suya a través de las edades, Él estaba ocupado de muchas formas, trabajando con su secreto, envolviéndolo en esas muchas actividades, en esas muchas formas y maneras de su autoexpresión. Nunca revelándolo, nunca proclamando lo que estaba en su corazón pese a sus muchas palabras, sino escondiéndolo, ocultándolo dentro de símbolos y tipos y muchas cosas. Todas ellas envolvieron un secreto, "el misterio". Entonces, a la distancia, en la consumación, al final de estos tiempos, Él envió a su Hijo, el Hijo de su amor. Entonces, por la revelación del Espíritu Santo, Él se agradó en dar a conocer el misterio, contento de descubrir el secreto. Y el primer capítulo de la carta a los Colosenses señala el acto incomparable, sin parangón, de quitar el velo del secreto del corazón de Dios acerca del Hijo de su amor. Léalo de nuevo, cada fragmento: ése era el secreto de Dios. Todo se resume en esto: "Para que en todo tenga la preeminencia". "En TODAS las cosas"; y entonces -y esto me maravilla; es algo que va más allá de nuestro entendimiento- todo ello, el secreto eterno del corazón de Dios en su poderosa manifestación, era tener el principio de su realización dentro del corazón individual de un creyente. En cuanto se refiere a la realización actual y práctica del misterio, el secreto de Dios, éste comienza dentro del corazón del creyente individual. Este misterio es: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria". Este secreto de Dios, lo que Dios ha tenido en su corazón desde la eternidad es: "Cristo en vosotros". Quiero enfatizarlo una vez más. Este secreto estaba en el corazón de Dios desde la eternidad, para ser puesto a su tiempo en nuestros corazones. Lo que estaba en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, tiene su comienzo en la recepción de Cristo en el corazón del creyente individual mediante la fe. Pero éste no es el fin, es el principio. Lo que seguirá será la Iglesia, que es su Cuerpo. Esto se ha previsto y está completo en el pensamiento eterno, pero seguirá a la recepción de Cristo por los creyentes individuales. Pero la Iglesia que es su Cuerpo tampoco es el fin. Será el centro de otra esfera: los reinos de este mundo, las naciones que caminarán en su luz. Y entonces de nuevo, ése no será el fin, sino que se extenderá al universo entero. No sólo la humanidad glorificada, sino que también los ejércitos celestiales andarán en su luz. DIOS COMIENZA EN EL INTERIOR DE LA PERSONA, HAY QUE COMENZAR POR EL INDIVIDUO... Pablo tiene mucho que decir al creyente sobre este pensamiento eterno acerca de Cristo y Su centralidad. Concerniente a esta materia, él nos habla extensamente de su propia vida y su propia aspiración espiritual. Hasta donde puedo ver, él reúne todo en cinco aspectos principales: 1. Cristo, revelado en nosotros 2. Cristo, la vida en nosotros 3. Cristo, formado en nosotros 4. Cristo, habitando en nosotros 5. Cristo, glorificado en nosotros 1. CRISTO, REVELADO EN NOSOTROS Gálatas 1: 11-16 11 Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. 13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; 14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. 15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre (RV60) A)- El obrar interno de Dios Camino a Damasco, hubo algo externo pero algo poderoso interno Lo primero que debe producirse en la persona es la revelación interior de Cristo. Vr. 12 "Porque yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo". "...Vr 15 agradó a Dios ... revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles". Esto representa el lado interno de la experiencia del camino de Damasco. Hechos 9:3-9 3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 6 Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió (RV60) Hubo un suceso objetivo, externo y hubo un lado interno en el cual Pablo tuvo que vivir Ese lado interior no estuvo confinado al momento –probablemente muy fugaz– en que la luz del cielo sobrepasó el resplandor del sol. La fase interior continuó al menos durante tres días. Pablo anduvo tres días ciego, no viendo nada, y sin embargo todavía viendo. Observe la secuencia: "cuando agradó Dios ... revelar a su Hijo en mí ... (inmediatamente)". Y si usted vuelve a Hechos 9 encontrará que al final de los tres días, cuando Ananías puso sus manos sobre él y recuperó su visión natural, había una revelación dada en lo íntimo: había sido quitado el velo de Jesucristo. Agradó a Dios revelar a Su Hijo en él. Nunca sabremos cuánto significaron esos tres días para Saulo. Fueron tres días poderosos, tremendos, terribles. Él estaba viendo al Señor Jesús interiormente, y apenas le hubo visto así, predicó que Jesús es el Hijo de Dios. Inmediatamente. Amados, para nosotros este principio de la revelación interior de Jesucristo es tan válido como lo fue para Pablo. Nuestras vidas como hijos de Dios están constituidas por eso, y todo lo que somos y hacemos está fundado en esa revelación interior que ha resultado en Su centralidad y supremacía en nosotros. B)- Aunque las circunstancias externas en nuestra conversión no fueren espectaculares, la revelación de Cristo en nosotros debe producirse Lo externo no será de la misma manera, pero lo interno si debe serlo A menudo hay una reacción mental cuando hablamos de la conversión de Pablo y la naturaleza radical de ella: "Sí, bien, nosotros nunca hemos tenido tal experiencia; Dios nunca nos ha hecho lo que Él hizo a Saulo de Tarso; por consiguiente, no puede esperarse lo mismo de nosotros, y esto no puede ser básico en nuestras vidas". Ahora, a pesar de tal actitud mental, queremos reafirmar que usted y yo nunca seremos siervos del Señor con una vida espiritual real y efectiva más allá de la medida de nuestra aprehensión interior del Señor Jesús. Esto es fundamental. C)- Muchos no han tenido una celosa revelación o conocimiento del Señor Jesús porque ellos mismos no son celosos en nada. Saulo de Tarso era celoso y el Señor le halló en su propia base, sobre su propio terreno, y porque él era tan celoso, el Señor fue celoso con él. Y el Señor lo hizo. Si usted y yo somos más o menos descuidados sobre cosas espirituales, el Señor nos hallará sobre aquel terreno, y nunca llegaremos a ninguna parte; pero cuando lleguemos al punto de estar quemados hasta la última onza en los intereses del Señor, aunque podamos estar equivocados, sin embargo, Dios nos hallará completamente sobre aquel terreno. D)- Todo será probado y establecido, sobre la base de esta revelación interior de Cristo Todo depende, no de nuestra religión, no de nuestro celo religioso, sino de la revelación interior de Jesucristo, el Hijo del amor de Dios. Cristo trae el resplandor de la gloria de Dios a nuestros corazones, 2º Corintios 4:6 "Porque Dios ... es el que resplandeció en nuestros corazones, para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" Todo depende de eso. "... agradó a Dios ... revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase", o proclamase a Él. El pronombre subrayado va al corazón de todo, interroga todo, otorga el valor a todo: ¡Él! Desde el día de Pablo, mucha de la actividad cristiana ha sido promover un movimiento, difundir una enseñanza, llevar adelante los intereses de una institución. Pero el propósito de Dios no es establecer un movimiento en la tierra y conseguir seguidores, adherentes, miembros, apoyo. No es una institución, aunque nosotros podríamos llamar a esa institución la Iglesia. La Iglesia no tiene existencia en el pensamiento de Dios aparte de la revelación de Jesucristo, y se juzga según la medida en que el Hijo del amor de Dios es evidente en su existencia. No es un testimonio, si por eso usted quiere decir una forma específica de enseñar, una doctrina sistematizada. No, no es un testimonio. No es "la obra". Nosotros siempre estamos hablando sobre "la obra". "¿Cómo va la obra?" "Estamos entregados a la obra, interesados en la obra...". No es una misión. Es Cristo. "... para que yo le predicase". Si esta verdad hubiera permanecido central y preeminente, todos los terribles celos desintegradores nunca habrían tenido una oportunidad La lamentable confusión que hoy reina en la cristiandad nunca habría sido tal. Es porque algo específico en sí mismo –un movimiento, una misión, una enseñanza, un testimonio, una comunión– han tomado el lugar de Cristo. Las personas han ido más allá, para proyectar aquello, para establecer lo otro. Lastimosamente hoy no es tanto el énfasis en Cristo como en nuestra obra. Ahora, amados, una revelación interior es la cura para todo eso La existencia de todo ello representa la ausencia de una revelación interior adecuada de Cristo. Si Cristo, el Hijo del amor de Dios, es central y supremo en el corazón del creyente, todo lo demás se desmoronará. Las cosas que dividen se esfumarán en tanto que no son controversias con el Señor. Estas dos cosas están ante nosotros: por una parte, a causa de la revelación de Jesucristo en nuestro corazón nosotros tenemos una pasión por Él; por otro lado, debido a la ausencia de una revelación plena de Cristo en nuestros corazones nos abocamos a otras cosas que nosotros diríamos estaban en Sus intereses, y para Él, pero que nunca pueden satisfacer el corazón de Dios. Es la satisfacción del corazón del Padre lo que está en la mira. APLICACION El secreto eterno de Dios Desde la eternidad Dios tenía un secreto en su corazón. Yo digo un "secreto del corazón" porque este término, esta designación, "el Hijo" está asociada con el misterio, el secreto. No era que Dios estaba intentando hacer a su Hijo un representante, un portavoz, en un sentido oficial. No era alguna actividad del gran administrador del universo buscando promover a alguien en quien él tuviese algún interés. No, era el Hijo de Su amor. Su corazón estaba involucrado en ello, y había un secreto en su corazón concerniente a su Hijo: Él es el amado del Padre. Cristo, es el Hijo del amor de Dios, la satisfacción plena del corazón de Dios, ese secreto eterno de su corazón. Eso queda bajo lo que nosotros somos y todo lo que hacemos. Nosotros somos los creyentes en la posición de "Cristo en vosotros". "Cristo en vosotros" representa la realización de los propósitos del corazón de Dios, es su manera de manifestar lo que estaba en su corazón en la eternidad pasada, "Cristo en vosotros". Podemos decir que Dios nunca puede cumplir el deseo de su corazón concerniente a su Hijo, sino cuando hay creyentes que reciben a Cristo en sus corazones. Por consiguiente, no está convirtiendo a las personas al cristianismo, o consiguiendo seguidores de un movimiento; es Cristo recibido, la satisfacción de Dios. Entonces, cuando hemos recibido a Cristo, todo lo que hacemos con relación a Él, todo aquello en que tenemos una voz o una influencia, cualquier participación que tomemos en los intereses del Señor, debe ser siempre total y absolutamente para la expresión y revelación de Cristo. Ninguna asamblea, ninguna iglesia, ningún movimiento, ningún testimonio, ninguna comunión, justifica su existencia desde el punto de vista de Dios, excepto en la medida en que Cristo se exprese por ellos. Amados, estamos hablando sobre el individuo. Ni usted ni yo estamos justificados declarando ser cristianos, excepto en la medida en que Cristo se manifiesta en usted, en mí; y toda la fuerza y el peso y el ingenio del infierno están en contra de esto. Los creyentes tienen más para disuadirles a ser semejantes a Cristo que cualquier otro en este mundo. Los creyentes reciben muchos más ataques para confundirles y hacerles traicionar a Cristo que ninguno. El infierno no podría estar más en contra de la revelación de Jesucristo. Todo empieza con esto: la revelación interior de Cristo. Debemos tener muy presente esta revelación en nuestros corazones, en su doble expresión: en la vida y el servicio. Hagámonos dos preguntas: 1)- ¿Para qué estoy aquí? ¿Por qué llevo el Nombre de Cristo? ¿Cuál es el significado de mi ser con relación al Señor? ¿Cuál es el propósito en mi salvación?" La respuesta es: No mi satisfacción, no mi gratificación, no mi salvación como fin en sí misma, sino la revelación de Jesucristo, la realización de Su centralidad y supremacía según el deseo del Padre. 2)- "¿Para qué voy a trabajar? ¿Para intentar establecer alguna sociedad, alguna denominación, algún grupo no denominacional, para propagar una enseñanza, o una interpretación, o un sistema de verdad? ¿Estoy consagrado a alguna cosa así, o es a afianzar la absoluta centralidad y supremacía del Señor Jesús?" Cualquiera cosa que nosotros podamos decir, nunca podrá superar a ésta, empezamos y acabamos allí. Cristo es el principio y Cristo es el fin, la A y la Z, el Alfa y la Omega. Debemos relacionarnos seriamente con el Señor sobre una nueva comprensión interior y apreciación del Señor Jesús. Es la única vía de liberación de toda indignidad y de cosas con que podamos estar asociados. Es: "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria", y la única esperanza de gloria. Y si no es así, ciertamente llevará vergüenza y no gloria. El Señor escriba estas reflexiones profundamente en nuestros corazones por causa de Su Nombre.




